DARA | De Cabeza

Llevaba meses trabajando en esta imagen, originalmente sería el regalo de navidad para Dara, mi esposa, pero la escuela y otros compromisos profesionales (La Frontera por ejemplo) provocaron que naciera muy lentamente, mendigando migajas de tiempo.

En principio, quería retratar el contexto en el que se ha desenvuelto nuestra relación actualmente, separados por miles de kilómetros que se disimulan en 15 o a veces 5 pulgadas, cada uno en su lado del brillante muro. Durante las llamadas, pareciera que nada ha cambiado, sin embargo, a nuestras espaldas las manos enormes e incansables del devenir modelan figuras y paisajes inesperados.

Hace unos meses mi vida giró y, aunque la aventura ha sido más emocionante de lo que mi imaginación pudiera haber creado, ha habido un mareo constante al que me he tenido que ir acostumbrando, tal vez, sería fácil simplemente abrazar el nuevo punto gravitatorio de éste lado del muro, diría incluso que sería sabio y natural, pero parte de la belleza de la historia es su ingenuidad.

Al principio de todo, luego de una semana de salir con Dara le comenté sorprendido cómo en tan poco tiempo juntos habíamos sorteado problemas “irresolubles” de relaciones pasadas; romance aparte, la frase terminaba con: “no imagino entonces, el tamaño de los problemas a los que nos toca enfrentarnos como pareja”. Cuando ya habíamos formado nuestro pequeño hogar, luego de una carrera que ya de por se anunciaba cansada, recibí la noticia que terminaría de voltearnos por completo, así que la llamé y aunque había usado estas palabras otras veces por puro gusto, ésta vez, pesadas, aparecían al final: “… bueno, parece que ésta es de verdad, la magnitud de las cosas a las que nos toca enfrentarnos”. Decidimos así, seguir la carrera juntos, con miopia y horizontes borrosos, como en un túnel oscuro, donde su suelo y mi techo se confunden, hemos tropezado alguna vez y la locura ha estrellado mi cráneo contra las paredes, pero en los momentos en que ya no sé si he caído o saltado presa del miedo, me parece haber atravesado el umbral y con el más leve contacto le ha devuelto el peso a mi carne.

Tempranamente también, solíamos jugar con una idea: “… pues ya ves, las relaciones terminan… nada puede ser eterno… ¿qué sentido tiene entonces representar esta popular farsa? Sin embargo, si todo ésto es un error, si estamos destinados a caer y estrellar nuestras esperanzas contra el suelo, al menos propongámonos saltar desde tan alto como sea posible. Disfrutemos la escalada y tal vez (tal vez no), cuando debamos saltar descubramos que hemos aprendido a volar”.

Había una “otra” composición original (de la imagen), pero luego de sumergirme en mis aguas, traté de sacar del fondo los trozo de honesta vulnerabilidad que encontré y hacer homenaje a esa persona que más de una vez se ha llamado pequeña mientras pronunciaba palabras más grandes que la verdad. Ha sido el agua en mis raices.
Viviendo de cabeza (o tal vez no) muchas veces ya no sé quién habla por mi boca, pero espero que sus palabras hagan justicia.

Al final, es maravilloso el mundo, por cualquiera de sus lados, pero no nacimos con los suficientes dedos para sujetarlo.

Gracias, tan simple y gastada, tal vez sea siempre la expresión más certera. Así que gracias Dara. Gracias siempre.