EL CUARTO DE ATRÁS | Fantasmas

Cuando me mudé a Guanajuato Capital, busqué habitación durante el Festival Cervantino; el único lugar que pude encontrar durante esa temporada tan congestionada fue un cuarto en la Casa Naranja, sobre el Paseo de la Presa.

En esa casa, donde sólo se permitían varones, había un patio en la parte posterior que se embarraba y subía por el cerro. Al final de las escaleras que lo atravesaban estaba la primera de las que se esperaba, fueran muchas habitaciones nuevas.

Luis, encargado de la casa que luego se convirtió en un gran amigo, me explicó que no había muchas personas que quisieran tomar esa habitación, era fría y aislada, si mirabas por su única ventana se veían más cerros dorados (comenzaban a secarse). Era perfecta para trabajar.

A veces también contaba, que en días solitarios, sombras extrañas se movían en el cuarto de atrás.